martes, 29 de noviembre de 2011

LEONOR

Un extraño escalofrío recorrió el cuerpo de Leonor aquella madrugada de principios de siglo, su pequeña hija de 9 meses dormía plácidamente, hace una hora su marido salió a su trabajo llevando en las manos las viandas que Leonor amorosamente le prepara todos los días. Leonor no tiene sueño y sin saber cómo ocupar esas inhóspitas horas cuando se siente más la oscuridad pero se sabe que está a punto de amanecer, toma sus costuras y se dispone a trabajar en el bordado de las cortinas que tanta ilusión le hace. La endeble llama de la vela no le permite ver con claridad pero con mucho entusiasmo y buena voluntad siente que puede lograrlo, de pronto una mariposa de esas que son atraidas por la luz, pasa muy rápido junto a la llama apagándola, contrariada Leonor busca a tientas sobre la mesa la caja de cerillos rogando a Dios porque aun queden algunos, la llama alcanza el nivel adecuado para seguir su trabajo cuando nuevamente una mariposa la vuelve a dejar en tinieblas, Leonor repite el procedimiento de encender la vela pero no entiende porque ese tan simple acto le está afectando tan profundamente, siente una opresión en el pecho y unas ganas inmensas de llorar. Mientras, el esposo de Leonor junto con su compañero se disponen a bajar, ese día ellos deben barrenar y colocar los cartuchos de pólvora en las profundidades de la mina, se encontraron con Juan el encargado de bajarlos y subirlos del enorme agujero que era en ese momento la mina, utilizando para tal cosa una especie de olla metálica gigante sostenida por un cable que pasa por una polea, de donde pende una improvisada campana cuyo péndulo deja caer un hilo que con mucho respeto y cuidado los trabajadores toman para que baje junto con ellos, este es su hilo de la vida, con el hacen sonar la campana que indica que están listos para ser subidos y alejados de la peligrosa pólvora. Juan debe hacer esta operación con gran rapidez ya que las mechas de los cartuchos solo les dan unos cuantos minutos antes del gran estallido. El esposo de Leonor se dio cuenta de que Juan tenia claras señas de resaca y desconfiado le recomendó enfáticamente – No te vayas a quedar dormido!! A lo que contesta este, estoy bien, no se preocupen y les pasa las lámparas de carburo mientras inicia las maniobras de bajado. Leonor encendió por tercera vez la vela y cuando una cuarta vez se vuelve a apagar no pudo contener el llanto y dejándose llevar lloro amargamente justo en el momento que se escucha el estruendo… este sonido es común en el entorno de la mina y a nadie sorprende pero Leonor no puede evitar sentirse intranquila, sabe del trabajo de su marido y sin entender muy bien los motivos decide tomar la bebe en brazos y abrigada con su gran chal camina hacia la mina, la luz del amanecer deja ver con claridad que varios hombres corren y gritan, Juan visiblemente afectado no para de llorar mientras grita - ME QUEDE DORMIDO…. ME QUEDE DORMIDO!! Leonor es testigo mudo de las operaciones de recate de los cuerpos, nadie se acerca a ella, los que bajan y vuelven a subir no se atreven a ver hacia la piedra donde ella esta sentada como una afligida estatua. Al fin alguien se compadece y se acerca - Cuanto tardaran en sacar los cuerpos? Pregunta Leonor con voz temblorosa, - mucho me temo señora que eso no va ser posible, la explosión deshizo totalmente los cuerpos, lo único que hemos podido reconocer es uno de los dedos de su esposo por lo blanco de este y porque aún tiene su anillo de matrimonio. .

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