
CASIE CONSTRUCTORA
Cuando Casie la castorcita nació, sus padres sintieron la felicidad completa, Casie venia a concretar el gran amor que sentían Toco Castor y Pita Castora, Casie fue una bebe hermosa, todos los amigos y vecinos lo decían cuando sus padres la paseaban por la pradera para enseñarle la vida, iban nombrando cada cosa y la hacían repetir los nombres y la utilidad de estas, la infancia feliz de Casie fue interrumpida por la súbita muerte de su madre, en una noche de tormenta, un incendio forestal acabo con la vida de Pita, así como de su hogar, Toco guiaba a su hija y su esposa pero no pudo evitar que el fuego alcanzara a Pita, Toco sintió que su mundo se derrumbaba, pero tenia a Casie y se juro velar por ella para que nunca le faltara nada.
Pasaron los años y Casie era ya una hembra casi adulta, su padre se había encargado de rodearla de comodidades para que nunca sintiera la ausencia de su madre, Casie no tenia que trabajar como todas las demás castorcitas, su padre proveía para los dos y nunca se quejaba de hacer dobles jornadas en la presa y estar siempre alerta a la crecida del río para evitar cualquier escape de agua, había noches en que las rondas de Toco se prolongaban hasta que aclaraba el alba se iba a su casa se tomaba una gran tasa de café dormía unas dos horas y volvía al trabajo renovado y feliz.
Casie era feliz, Toco había construido una casa con un inmenso jardín en donde Casie tenia todo tipo de flores, también había trabajado arduamente para desviar un poco del agua de la presa para que pasara un pequeño río por el jardín de Casie, en donde ella podía jugar y nadar por horas, Casie tenia amigas que poco a poco fueron encontrando pareja y fueron formando sus propias familias, al padre de Casie no le satisfacía ninguno de los pretendientes de Casie y poco a poco estos fueron cansándose de rondarla y fueron haciendo pareja con castorcitas menos difíciles.
Toco con el tiempo llego a ser el capataz de los trabajadores de la presa, y seguido se reunían los mejores constructores en la casa de Toco para intercambiar conocimientos y planear nuevas estrategias para el mejoramientos de los diques, Casie los escuchaba en silencio mientras los atendía solicita sirviéndoles café y panecillos, ellos hablaban de mover grandes troncos para utilizarlos como base en la presa principal, y al mismo tiempo hacer desviaciones de las corrientes del río mas tumultuosas para que no dañaran las viviendas de las familias de castores. Casie al oírlos hablar dejaba volar su imaginación y sentía que se trasportaba al lugar de trabajo de su padre, casi podía oler la tierra recién removida de donde sacaban las grandes raíces de un árbol que entre varios castores habían derrumbado, Casie sentía que sus dientes se afilaban como cierras para cortar ramas y aun árboles que servirían en la presa. Algún tiempo le propuso a su padre que la llevara con el a trabajar, le mostró como podía nadar a grandes profundidades para revisar bajo el agua la consistencia de los materiales utilizados y ver si alguno ya requería reparación, su padre siempre se negó, decía que el lugar de ella era ahí en su preciosa casa, que ella debería sentirse satisfecha de cómo tenia su casa acogedora, con sus cortinas, sus cojines y sus flores, siempre elogiaba lo bello que tenia su jardín y lo bonitas que florecía todo lo que Casie plantaba, pero Casie no era feliz, ella quería ser constructora como su padre, ella soñaba por las noches en ser la Capataz de muchos castores, darles ordenes, y sentir el poder de ser obedecida, planeaba ella sola nuevas técnicas de construcción, y probaba la resistencia de los materiales que utilizaría, ella soñaba con la presa jamás construida, casi sentía la satisfacción de ver a sus amigos castores reconocerle su trabajo y respetarla por sus atinadas decisiones. Pero eran sueños solamente, su padre seguía evitando hablar del tema.
Casi empezó en secreto a hacer pequeñas represas en el arroyuelo que cruzaba su jardín, solo que tenia que trabajar cuando su padre salía y deshacer lo construido antes de que su padre regresara para que este no se enfadara con ella, cada día las construcciones eran mas firmes, y cada día ella se sentía mas satisfecha de sus conocimientos en construcción. En una ocasión no encontraba ningún material para tapar un gran agujero en su represa, no lo pensó y entro a la casa y con su gran cola arrastro un tronco que su padre utilizaba para descansar cuando regresaba del trabajo, lo acomodo en el hueco y vio con alegría que su presa crecía y el dique soportaba el flujo del agua, tan satisfecha estaba que no se dio cuenta de la hora, cuando escucho los silbidos de su padre que se acercaba por la montaña, deshizo su trabajo y con grande esfuerzo regreso el tronco a la estancia de su casa aun escurriendo agua y noto que se estaba hinchando un poco por la humedad, su padre llego justo cuando no se notaba nada del secreto de Casie, solo que se extraño al ver el tronco mojado, interrogo a Casie y esta al sentirse acosada tartamudeando trato en vano de dar alguna explicación, hasta que viéndose acorralada no le quedo mas remedio que confesar su secreto. Su padre estuvo todo ese día triste y pensativo, porque Casie tenia que querer ser constructora?? Porque no era feliz en el mundo que el había construido para ella? El no quería correr ningún riesgo con Casie, le había tocado ver muchos de sus compañeros morir aplastados por el peso de un árbol, muchos mas arrastrados por la corriente y nunca mas saber de ellos, no quería ese futuro para su hijita, no, definitivamente NO y así se lo hizo saber, Casie lloro toda la noche, pero era obediente a su padre y se prometió que no construiría mas presas, se dedicaría a sus flores y así dejaría que pasara su vida.
Toco sintió alivio al ver que la vida de su hija volvía a la normalidad, pero en su alegría no noto que Casie ya no sonreía, un velo de tristeza cubrió sus cristalinos ojos, cada tarde al regresar Toco de su trabajo notaba que las flores de su jardín eran cada vez menos, su hija ya no lo recibía cantando feliz en la puerta, ahora ella estaba siempre en su recamara con un libro en su regazo sin leerlo y mirando el horizonte por la ventana.
Una tarde Toco sintió desfallecer de pena, encontró a su hija como dormida en su mecedora en el porche de su casa, pero Casie no estaba dormida, estaba muerta!.
Autor: Dolores Villegas
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